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La Fiesta de San Blas

En ese día, desde los pueblos más alejados de la región de Dubrovnik, se peregrina en traje tradicional
La Fiesta de San Blas
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Portan símbolos de su iglesia y según se van acercando a esta se agitan al viento los pendones para que no toquen el suelo mientras anuncian su protección divina.Por la mañana, en una iglesia abarrotada, se celebra la misa y posteriormente, por la calle ulicaodpuča avanza la procesión de curas y creyentes.En esa ocasión se portan los santos poderes, la corona bizantina de San Blas, las reliquias de su pierna y mano, el sagrario y la sábana de Cristo.Esa marea humana se desplaza a través de la calle principal de Dubrovnik, la conocida Stradun y posteriormente regresa a la iglesia.
Existen unas ruinasen Dubrovnik que pertenecen a la capilla de San Estaban en Pustijerna que está relacionada con una de las leyendas más hermosas y significativas del sur de esta ciudad pétrea.Según ésta, en medio del invierno de 971, en la noche del 2 al 3 de febrero fondearon en las murallas navíos venecianos.Con la excusa de que debían aprovisionarse de comida y bebida antes de emprender viaje hacia oriente, los venecianos entraron libremente en la Dubrovnik medieval pero sus espías observaban con detenimiento el número de centinelas en las murallas y la cantidad de armas del arsenal.
En medio de la noche invernal, cuando las calles estaban desiertas, por la plaza, yendo hacia Pustijerna y la iglesia de San Esteban, pasó el cura Stojko.Encontró la iglesia abierta y en su interior un batallón del ejército celestial y delante de ellos un viejo sentado.Se dirigió al cura con la petición de que avisase a los patricios de la ciudad de que los venecianos planeaban un ataque a Dubrovnik y que él, con su ejército, los había rechazado ya en los muros de la ciudad.Vestido como un obispo, con la mitra en la cabeza y bastón en mano contestó a la pregunta de Stojko, que su nombre era Blas.
Así que esa noche de invierno Dubrovnik conoció a su protector, su santo protector Blas.Al día siguiente su mensajero se dirigió a los patricios de la ciudad y transmitió el mensaje.En cuanto comenzaron los preparativos apurados en las murallas y se cerró la puerta de la ciudad, los venecianos supieron que sus intenciones habían sido descubiertas y continuaron su ruta.
 
Apertura de la puerta de la ciudad
Al año siguiente, en 972, se comenzó a celebrar el día del protector y cerca de la puerta de la ciudad se construye su primera iglesia.Tras un siglo de prosperidad y libertad, llegarán a Dubrovnik en 1026 los primeros restos óseos de san Blas, mártir de Sebaste y obispo.Se sabe de él que murió como mártir del emperador Diocleciano y que vivió en el siglo III en Sebaste, en Capadocia.
Los habitantes de Dubrovnik en la noche de los hechos, el 3 de febrero, celebran el día grande con la apertura de la puerta para todos sus amigos y creyentes de los alrededores.
En el pasado se celebraba este día con la salida del Duque del palacio vistiendo una toga roja y la misa la celebraba el obispo delante de la muchedumbre presente, la plebe y los curas. Los comerciantes danzaban delante del palacio en presencia del duque, especialmente los jóvenes, portando cestas llenas de higos,pasas, naranjas y pan recién horneado.La ciudad estaba ricamente decorada y desde las parroquias rurales más alejadas del territorio de la República de Ragusa, llegaban los creyentes ataviados en sus trajes tradicionales y con los pendones de sus iglesias.
 
El Santo que anuncia la primavera
Desde hace más de mil años no se han producido muchos cambios en el modo en el que se celebra el día de su patrón en la ciudad a los pies del Srđ.Ciertamente, Dubrovnik no tiene ni a su duque ni a sus nobles, pero el hermoso palacio ducal sigue en pie, a su lado la iglesia barroca de San Blas y en la cuesta hacia Pustijerna la cuarta catedral de Dubrovnik.
Cada dos de febrero Dubrovnik celebra la Candelaria.La gente repite el antiguo refrán “Candelaria, fuera invierno, que con él se vaya san Blas y diga que no es verdad”.Y ciertamente en ese día, cuando las ciudades de la costa están bajo aguaceros y Europa, casi siempre, cubierta de nieve, Dubrovnik está rodeada de mimosas, girasoles y días primaverales soleados.Delante de la santa iglesia, desde la mañana, se sueltan palomas blancas y durante todo el día, delante del altar, los creyentes rezan y los sacerdotes, con dos flores en forma de cruz, los bendicen y besan el sagrario de plata obra de los orfebres de Dubrovnik.En su interior se encuentra el hueso de la garganta del santo del que se sabe que hacía milagros y que en Sebaste curaba con solo tocarlo.
En ese día, desde los pueblos más alejados de la región de Dubrovnik, se peregrina en traje tradicional.Portan símbolos de su iglesia y según se van acercando a las iglesias se agitan al viento los pendones para que éstos no toquen el suelo mientras anuncian su protección divina.Por la mañana, en una iglesia abarrotada, se celebra la misa y posteriormente, por la calle ulicaodpuča avanza la procesión de curas y creyentes.En esa ocasión se portan los santos poderes, la corona bizantina de San Blas, las reliquias de su pierna y mano, el sagrario y la sábana de Cristo.Esa marea humana se desplaza a través de la calle principal de Dubrovnik, la conocida Stradun y posteriormente regresa a la iglesia.
No se sabe por qué en Dubrovnik ese día todo es más hermoso y sorprendente:Vestidos tradicionales de Primorja, de la provincia de Dubrovnik o de Konavala.Parece que vuelve el tiempo de las viejas tradiciones.Llama la atención el intenso rojo de los pendones, su vuelo en la plaza delante de la columna de Orlando y la concentración de arcabuceros, el arma corta y gorda cuyo ruido en tiempos asustaba a los enemigos de Dubrovnik.
Se disparan salvas antes de la entrada en la ciudad, en Brsalja donde en tiempos de la República se entrenaba a los ciudadanos en el uso de armas de fuego y cañones.A última hora de la tarde, cuando la ciudad oscurece y los curas descansan, los invitados de los pueblos de los alrededores regresan a sus casas.Delante de la hermosa entrada de la iglesia barroca de Parčeva, las guirnaldas verdes de laurel y en los muros del lujoso edificio e iglesia, los viandantes observan el busto de San Blas que desde hace siglos sostiene en su mano una maqueta de la ciudad, como si le transmitiese su corazón y abrazo protector.
   
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